ADELGAZAR SIN PASAR HAMBRE!
El cuerpo nos habla en forma inmediata por medio de las sensaciones, que son el punto de partida para comenzar a leer su lenguaje.
Si cerramos los ojos y volcamos la mirada hacia adentro para hacer un barrido mental mientras respiramos lentamente, vamos a descubrir que tenemos todo el tiempo diferentes sensaciones que van y vienen por las distintas partes del mismo, que aparecen, duran un rato, desaparecen y dan paso a otras, en el mismo lugar o en otro distante.
Podemos percibir cosquilleos, tensiones en determinados músculos, hormigueos, pequeños latidos –que no debemos confundir con los del corazón–, distintas temperaturas, pinchazos, vibraciones, etc. Hacer este simple ejercicio puede sorprendernos ante el descubrimiento de todo lo que guardamos allí y que se nos pasa desapercibido por completo.
Cuando desarrollamos nuestra percepción interna somos capaces de identificar cuándo sentimos hambre, frío, sueño, un tarugo en la garganta, un nudo en la boca del estómago, tensión en las nalgas, cuello, o en las manos, dolor en la cintura y otros, que dependerán de en dónde somos proclives a almacenar la tensión. Leída la sensación procederemos a hacer lo que ésta nos indique: si es hambre, comeremos; si es frío, nos abrigamos, y así sucesivamente hasta que lleguemos a preguntarnos, por ejemplo, por qué tengo la garganta atarugada.
Cuando nos lo preguntamos pasamos entonces a la segunda fase del lenguaje corporal, que es aprender a leer las emociones que se manifiestan en el cuerpo por la vía física, lo que se conoce como somatizar.
Podremos entender que el tarugo obedece a que en una discusión no dijimos todo lo que necesitábamos decir y se nos quedó atrapado allí, o que el nudo en la boca del estómago responde al miedo que sentimos porque tenemos que afrontar una situación difícil y nos sentimos vulnerables, que la tensión en cuello y hombros manifiestan el deseo de controlar un problema en el trabajo, o que las manos cerradas en puño expresan la rabia o la impotencia frente a alguien a quien no le podemos asestar un golpe que se tendría muy bien merecido.
Visto de esta manera podemos comprender mucho de lo que nos ocurre y de qué modo respondemos corporalmente a eso que nos ocurre. Entenderemos que nos hartamos de comida más por ansiedad que por hambre, que el insomnio que nos aqueja responde a no poder desligarnos de las preocupaciones, que el estreñimiento puede indicar nuestro apego exagerado a cosas que necesitamos soltar, y así iremos descubriendo la emoción que se manifiesta detrás de cada sensación.
Lo que hagamos con la información ya es otro cuento. Lo difícil es darse cuenta. Pero es el primer paso que necesitamos para saber cómo vamos a proceder. Aprendamos, entonces, a leer el ABC corporal.
A“Almuerzo bastante pero no ceno” ; “Con este producto rebajé rapidísimo” ; “No gracias... eso engorda”. ¿Le parecen familiares estas expresiones?
Probablemente las haya pronunciado o escuchado a sus amigas más de una vez, pues para muchas mujeres permanecer a “dieta” puede llegar a convertirse en algo tan cotidiano como ir al trabajo o ver televisión.
Con el propósito de perder peso son capaces de someterse a largos períodos de ayuno, ingerir extraños brebajes y privarse de cualquier manjar que las haga sentir culpables.
Comúnmente la palabra dieta está asociada a la idea de un régimen de alimentación que implica “pasar hambre” o “no comer”. Sin embargo Josie Núñez, nutricionista del centro de rehabilitación Prohábil, advierte que el término debe ser entendido como un plan nutricional balanceado y no como un menú restrictivo. Según la especialista, el método ideal para perder peso o mantenerse en forma consiste en modificar adecuadamente los hábitos alimenticios.
“Cuando una persona aprende a comer no necesita recurrir a las mal llamadas dietas para conseguir el peso ideal”, dice Núñez. La clave consiste en hacer comidas que tengan el aporte de cada uno de los grupos básicos de alimentos. “La verdadera dieta es la que provee al organismo de todos los nutrientes”, aclara la experta.
Los planes que prometen pérdida de peso en pocos días se caracterizan por no contener todos los insumos que exige una nutrición balanceada.
“Por lo general se basan en uno o dos tipos de alimentos, lo que implica que la persona come de manera incompleta y puede reportar a la larga desórdenes metabólicos, hormonales, cardíacos, entre otros”, indica la nutricionista. Muchos logran rebajar con estos programas; pero la reducción de volumen obtenida está asociada a la pérdida de agua y músculo, y no a la disminución de grasa en el cuerpo.
De allí que no sean pocas las mujeres cuyas vidas oscilen entre una dieta y otra, dado que cíclicamente recuperan los kilos. “El efecto yo–yo ocurre cuando el organismo, al no recibir los nutrientes suficientes, trata de ahorrar los que tiene en reserva pero cuando vuelve a la rutina alimenticia habitual busca recuperar todo lo que le falta y es allí cuando se repone el peso perdido que en ocasiones suele ser el doble”, señala Núñez.
ADELGAZAR SIN PASAR HAMBRE
• Consume suficiente agua, al menos ocho vasos diarios.
• Evita los ayunos prolongados, haciendo seis o cinco comidas al día: desayuno, merienda, almuerzo, merienda y cena.
• No confundas el picoteo entre comidas con las meriendas ligeras a base de frutas y yogurt.
• Trata de que cada plato tenga al menos un componente de cada grupo básico de alimentos.
• A la hora de comer se recomienda masticar despacio, sin ansiedad, y no beber excesiva agua.
• Realiza una rutina de ejercicio al menos tres veces por semana.
• Come suficiente verdura ya que ofrece muchos minerales y vitaminas, aporta las calorías necesarias y produce sensación de saciedad.
• Disminuye la ingesta de frituras y grasas saturadas.
Es preferible ir al nutricionista pues es el más indicado para elaborarnos el régimen alimenticio que no solo nos ayudará a mantenernos en forma sino que a su vez nos suministrará las calorías necesarias para nuestro organsmo sin "pasar hambre".-
Hasta otra...
|7:12 a. m.
3 comments



